Mareo, vértigo e inestabilidad: tres síntomas que no significan lo mismo

“Doctor, tengo vértigo”.

Es, probablemente, una de las frases que más escuchamos en consulta. Sin embargo, detrás de esa única expresión pueden esconderse problemas muy diferentes, con causas y tratamientos completamente distintos.

Para muchas personas, el problema no es únicamente el síntoma. Lo más difícil es convivir con la incertidumbre y con la incapacidad que este genera. Poco a poco aparecen la dependencia para realizar actividades cotidianas, la pérdida de autonomía y, en muchos casos, el aislamiento social. Han acudido a varios especialistas, se han realizado numerosas pruebas y, aun así, siguen sin saber qué les ocurre. Mientras tanto, actividades tan habituales como conducir, hacer la compra, caminar por un centro comercial o simplemente salir de casa comienzan a generar miedo e inseguridad.

Con frecuencia utilizamos la palabra mareo para describir cualquier alteración del equilibrio. Sin embargo, desde el punto de vista médico es importante diferenciar tres síntomas principales: mareo, vértigo e inestabilidad. Comprender esa diferencia es el primer paso para llegar a un diagnóstico correcto y, sobre todo, al tratamiento más adecuado.

El equilibrio es mucho más que el oído interno.

Existe la creencia de que el equilibrio depende únicamente del oído interno. En realidad, mantenernos estables es una tarea extraordinariamente compleja.

Nuestro cerebro integra de forma continua la información procedente de tres grandes sistemas: el sistema vestibular del oído interno, la visión y la información que recibe de músculos, articulaciones y la columna vertebral acerca de la posición y el movimiento del cuerpo (propiocepción). Toda esta información debe procesarse e interpretarse correctamente para que podamos caminar, girarnos, subir unas escaleras o mantenernos de pie sin siquiera pensar en ello.

Cuando uno de estos sistemas falla, o cuando el cerebro deja de integrarlos de forma adecuada, pueden aparecer síntomas como el vértigo, el mareo o la inestabilidad.

Por eso, el objetivo de un estudio otoneurológico no consiste únicamente en encontrar una lesión. Lo realmente importante es comprender cómo está funcionando el sistema del equilibrio en su conjunto y determinar cuál es el origen del problema.

Un mensaje importante

No todos los mareos son iguales. Tampoco todos los vértigos ni todas las inestabilidades tienen el mismo origen.

Describir con detalle cómo aparecen los síntomas, cuánto duran, qué los desencadena y cómo afectan a la vida diaria aporta una información de enorme valor para llegar al diagnóstico correcto.

Una valoración otoneurológica completa no consiste únicamente en realizar pruebas. Comienza escuchando al paciente, comprendiendo su historia y analizando cómo funciona su sistema del equilibrio. Solo así es posible establecer un diagnóstico preciso y diseñar un tratamiento realmente personalizado.

Porque recuperar el equilibrio significa mucho más que dejar de sentir vértigo. Significa volver a ser independiente, caminar con seguridad, salir sin miedo, recuperar la confianza, conducir con tranquilidad, disfrutar de un paseo, regresar al trabajo o hacer la compra con normalidad.

En definitiva, significa recuperar la calidad de vida.

Si te sientes identificado con este artículo, solicita una cita. Estudiaré tu caso de forma individualizada para identificar el origen de tus síntomas y ofrecerte el tratamiento que mejor se adapte a tu situación, con un único objetivo: ayudarte a recuperar el equilibrio y tu calidad de vida.

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